Dos meses después.

Un año después, todo sigue igual. En la calle llueve, en la cabeza de todos las capuchas o sobre una sombrilla. Las calles, aquí a más de mil kilómetros, huelen a consumo. Dos meses en situación de aislamiento voluntario me sirven para valorar lo que es una charla un "nos vemos en un rato y charlamos" no como una simple interacción y derramamiento de ideas al aire sino como una conexión del uno con el otro. Después de dos meses a más de mil kilómetros de ese lugar donde mi corazón se dividió no en dos, se dividió en mil y un pedazos gracias a las conexiones. Prefiero mucho más beberme un cafe en la terraza de siempre, encender un cigarrillo con el mechero de siempre y sentir la presencia de esa y muchas veces esas personas tan maravillosas que habitan esa construcción llamada casa. Prefiero eso a salir a la terraza de una casa en donde siento esa falta de contribución por mi parte para considerar hogar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario