Impotente en la esquina de la calle donde salí para poder fumar. En la esquina donde hablamos de como es la realidad, exquisitos encuentros que hacen de mí un estúpido intentando esquivar tu mirada. Caladas de esperanza entre charlas que nos llevan a un encuentro con nuestro interior. Escudos iconográficos, momentos de placer. En mí el sentimiento de admiración a la cualidad más interesante que pude reconocer. Explosión de angustia al oír "ya nos veremos otro día". Intuyo que no queremos que pase ese momento tan desagradable. Alargando el tiempo y el cigarrillo seguimos mirando al suelo y a los ojos, cada uno en el momento que le toca. Las palabras se hicieron infumables y entramos a la cafetería no sin antes pedir una extensión de horas para quedarnos un poco más. Tú te sirves sin descanso cafés, yo tan extasiado de esa droga decido echar-té a mi taza. Parece que no nos sincronizamos.
El principio es sencillo, tú al fondo de ese nuevo modelo de restauración. Yo hacía mi entrada muy rápida, claro tres o cuatro rayas hace que vayas muy rápido, me siento frente a la estantería donde los libros de biografías hacían gala de su grandeza. Keith Richards paso por mi mirada, lo inexplicable es que abrí el libro en el párrafo donde cuenta como lo pillan con muchos kilos de coca, peyote y mezcalina en las carreteras del sur de gringolandia. Empiezo a leer no sin antes ir a la barra para servirme la primera taza de café. Leo + bebo + pico x 3; miro y sin darme cuenta ya eran las diez de la noche. Con tanta droga metida en mi organismo decido darle un descanso a mi cuerpo dándole otro tipo de droga. Cuando salí a fumar ya estabas ahí.
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